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La música ha sido tradicionalmente estudiada a partir de
dos conceptos, el primero de ellos insiste en juzgar los elementos
formales y operar desde planos fundamentalmente técnicos,
particularizando o sistematizando las características de
las músicas de los pueblos de la tierra, a partir del análisis
sistemático de su melodía, ritmo, tonalidad, etc...
mientras que otro segundo grupo, entiende la música como
un fenómeno de la sociedad que se interpreta desde la cultura.
La música aparece por todas partes vinculadas a los momentos
de mayor relevancia social: comensalía, rituales religiosos
o profanos , actos conmemorativos y vida cotidiana. Para comprender
la trascendencia de esta creación superior del hombre podemos
imaginar una película de cine sin música e inmediatamente
captaremos el vacío que se produce en el espectador. Con
los grupos musicales y la música, se mueve el Santo Patrón
de un pueblo, se reúne a la juventud en un macro concierto,
se dirigen los movimientos más afectivos de una boda tradicional,
se afirman los signos identitarios de un pueblo o se facilita la
relación de la cita intima.
A través de la música, conocemos la cultura de lo
pueblos, la música es un fenómeno de cultura. "Por
todas partes, el hombre canta, y cantando experimenta las satisfacciones
que lleva consigo todas las formas de expresión. Pero también
al cantar y son proponérselo, proporciona datos con cuyo
empleo el investigador de la cultura, transmutando la expresión
artística en análisis científico, puede ampliar
nuestro conocimientos y nuestra compresión de la vida del
hombre". (Herskovits, 1981). "Con toda probabilidad ninguna
otra actividad cultural del hombre se extiende como la música
pues condiciona, formaliza y controla el comportamiento humano".
(Id.)
El discurso folklórico y el mantenimiento de las tradiciones
ha jugado un papel fundamental en el desarrollo rural, y en especial,
ha sido muchas veces un aliado importante en el sector turístico.
Muchos pueblos y áreas geográficas, gracias a determinadas
fiestas u otras celebraciones, se han convertido en centros de peregrinación
y lugares de recepción turística. Esto ha hecho, por
una parte, que se mantengan y desarrollen ciertas costumbres, y
por otra, que los pueblos adquieran nuevas percepciones que motivarán
cambios sociales y económicos profundos.
El patrimonio tradicional se presenta, por tanto, como un producto
turístico o como valor añadido en diversas actuaciones
que contribuyen a incrementar la calidad del "paquete turístico"
. la diversificación de los recursos económicos hacen
del patrimonio etnológico un nuevo valor directo por el volumen
de ingresos, pero aún es mayor su valor indirecto en temas
de calidades, servicios, nuevas creaciones, etc.
Proyecto Identidades pretende conocer en profundidad el patrimonio
etnográfico de determinados territorios de la Unión
Europea para que los diversos agentes sociales puedan disfrutarlo
y reactivarlo. En el Proyecto participan los grupos: ADERLAN de
Lanzarote, AIDER de Gran Canaria, ALTO SALENTO de Italia, CEDERNA-GARALUR
de Navarra, ENTRECABOS de Asturias, INTEGRAL de Murcia, ASOMO de
Zaragoza, LOS PEDROCHES y GUADIATO 2000 de Córdoba y LOS
VÉLEZ de Almería.
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